En medio de una sociedad que se ha visto en gran manera marcada por un prototipo de mujer delgada, alta, estilizada y en algunos momentos demasiado postiza,  las mujeres nos hemos visto en la penosa obligación de tomar ciertas medidas para estar a la altura de las grandes exponentes de la belleza, y es ahí donde nuestro gran valor y verdadero sentido va cambiando sin darnos cuenta; es justo en ese preciso momento donde nuestros sentimientos, sueños e ideales se encaminan al sueño de “otras”, “otras” que no tienen claro que lo físico se cae, se arruga y se daña con el paso del tiempo.

Cuando tenía catorce años empecé a estudiar actuación, a conocer un mundo en el cual jamás me había imaginado estar, un mundo en donde mis compañeras de estudio eran modelos reconocidas y donde la figura era tan importante como la marca de maquillaje que usabas; empecé a verme gorda, fea, ojerosa y a querer tener el cuerpo perfecto; me refugié en el llanto y comencé a trasbocar por remordimiento cada cosa que comía, iniciaron dolores de cabeza, descuidando así mi salud, mi estudio, mis amigos y mi familia. El peso bajó y la bulimia desapareció, pero llegó la enfermedad que marcó en dos mi vida: LA ANOREXIA, enfermedad por la cual estuve hospitalizada mes y medio en un psiquiátrico y donde me tocó tomar la decisión (hasta ahora) más importante de mi vida. La decisión consistió en entregarle mi vida completamente a Dios y hacerle saber que en mis fuerzas nada podía yo hacer, la batalla se dificultaba día tras día, los médicos me advertían que por siempre viviría con una marca y que mantendría en recaídas, pero yo en mí desespero supe entregarle mi corazón al experto en dolores, flaquezas, imposibles, y al que sin dudarlo jamás me dejaría recaer: Dios.

Mi recuperación fue un milagro, en mes y medio había avanzado lo que una persona normal avanza en 6 meses y pude  entender que las personas que me quieren me aceptan como soy, entendí que para llegar a ser alguien en la vida, sólo se necesita tener seguridad, voluntad y fe, sin pretender seguir a alguien y mucho menos prototipos de belleza que llevan muchas veces a acabar con tu vida y con la de tu familia.

“Se ríen de mi porque soy diferente pero yo me río de ellos porque son todos iguales” Kurt Cobain

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