Patricia, a veces parece más un personaje de televisión que una persona de la vida real: “¡Es que no puedo vivir sin él!”. “Yo por mis hijos hago lo que sea”. “Me siento completa cuando tengo a mi familia cerca”. La lista de expresiones que ella usa, que parecen sacadas de las novelas, podría seguir de forma infinita. Son frases que suenan ya satíricas y estereotipadas de los medios. Sin embargo, no están muy lejos de la realidad cuando vemos la forma en que actúan muchas personas en relación con sus seres queridos, y quienes les rodean.

He visto personalmente cómo hay esposas que, vez tras vez, sufren y viven martirios emocionales al lado de maridos abusivos, y lo permiten; cómo algunos hijos dejan de vivir sus propias vidas para satisfacer las necesidades de sus padres que todavía pueden valerse a sí mismos, por temor a defraudarlos; o cómo padres, casi llevan a la realidad el dicho: “Tú siempre serás mi niño chiquito a pesar de que seas adulto, tengas mujer e hijos”, tratando a sus hijos como verdaderos párvulos, especialmente en nuestra cultura latina, donde tales comportamientos son tan comunes, que son ampliamente aceptados.

Como podemos darnos cuenta, no se trata de algo restringido a las mujeres, a los hombres, a los jóvenes y viejos. Se trata de un comportamiento generalizado, donde las personas desarrollan relaciones emocionales enfermizas hacia otros seres humanos. Pero la pregunta es: “¿Por qué Patricia (nuestro personaje de al principio) actúa así, si ella es una mujer inteligente, profesional, no necesita aguantarle tales desplantes a su esposo, sus hijos ya están grandes, tiene la forma de valerse a sí misma, pero siempre está, como buscando complacer de forma obsesiva a sus hijos, y siempre la opinión de los demás tiene tanto peso sobre ella?

Pues bien, Patricia presenta un caso claro de una condición MUY extendida en nuestra cultura, que se llama Codependencia. Patricia intenta llenar vacíos emocionales en su interior, por medio de sus relaciones cercanas. Ella tiene un legítimo deseo de todo ser humano de ser aceptada, amada, valorada, etc., por los de su alrededor. De ahí surge la pregunta: “Entonces, ¿cuál es el problema? Yo sólo veo que Patricia sufre algunos sacrificios que toca hacer a la hora de relacionarnos con nuestros seres queridos”. No exactamente, el asunto aquí, es que Patricia no amando desinteresadamente o formando relaciones sanas con su gente; sin saberlo, Patricia está utilizando a los de su alrededor para que le llenen a ella esos espacios vacíos interiores que ella tiene, por eso es que, en su afán de sentirse amada, valorada y aceptada, permite abusos de sus esposo, vive obsesionada con aliviarle la vida a sus hijos, tiene temor de expresar sus propias opiniones y simplemente, decir NO, cuando no está de acuerdo con alguien. Esto es lo que la codependencia es…

Este problema, se origina en sus raíces cuando, en vez de hacer a Dios nuestro centro, hacemos a los seres humanos alrededor nuestras fuentes de aceptación, amor, identidad y valor. En cierta forma, Patricia hace lo que dice Romanos 1:23a: “Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible”. La buena noticia es que, Dios puso esos lugares en nuestro corazón para que Él mismo los pueda llenar. Todo el proceso de sanidad comienza acercándonos a Él. El perfecto amor de Dios elimina el temor del rechazo, del abandono, de la soledad. En vez de mendigar amor de los demás, podemos acercarnos hoy a quien nos da amor perfecto, sin reservas, ni condiciones: Jesús… Qué perfecto amor, ¿no?

By Gabriel Gil – www.XXXLibre.com

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