Como pastor, conferencista y director de XXXLIBRE, esto es lo que oigo de muchísimas madres preocupadas que vienen donde mí y los muchachos del equipo para sus hijos, quienes están adictos a la pornografía. Nos cuentan lo preocupadas que se sienten.

Muchas expresan sorpresa porque, sus hijos, “han crecido en la iglesia”, además de decir: “ellos no han visto ese ejemplo en casa”. Se preguntan, a veces, con lágrimas en sus ojos: “¿Cómo es que llegó eso a sus vidas, si todas sus amistades son los otros muchachos de la iglesia que no hacen
nada de eso?”.

Otras van incluso al otro extremo, que es el de pedir que alguno de los miembros más jóvenes del equipo de trabajo, les “dé una llamadita para que les hable”, pensando que, porque una persona de una edad parecida a la de ellos les hable, les hará recapacitar su actitud. Es por eso que queremos traer conciencia a nuestra querida gente.

La adicción sexual es un problema prevalente en nuestra sociedad; las cosas han cambiado y ya no es como antes, que, para buscar porno, había que hacer ciertas cosas que para muchos serían peligrosas, como ir a la librería de adultos y pasar la vergüenza de comprarlo, robarle la revista al tío, al primo o al familiar que lo tuviera y ser exitoso en que no nos descubrieran. Ahora la pornografía es totalmente accesible, la
misma ya no hay que buscarla, más bien, ella nos busca a nosotros, porque la tenemos en todas partes, en comerciales de televisión, en programas, teleseries, en vallas publicitarias, donde utilizan imágenes sugestivas que ya rayan en lo que es pornografía suave (softcore porn). Así que, si la
persona tiene acceso a la internet por un teléfono celular, un iPad, una computadora portátil (laptop), o casi cualquier aparato electrónico, entonces, puede exponerse a la pornografía.

Pero el problema aquí que mucha no entiende (en especial nuestras maravillosas madres), es que, las personas no escogen ver pornografía porque sí. Recordemos que es un hábito del cual nadie se
siente orgulloso ni lo proclama a viva voz. Si un joven está viendo pornografía, los padres, en vez de mirar a sus hijos y preguntarse qué es lo que anda mal con ellos, más bien tienen que mirarse
ellos a sí mismos y ver qué es lo que anda mal conmigo…

¿Sorprendido con esta afirmación? También yo lo estuve cuando escuché esto por primera vez. Te explico: La pornografía tiene el poder de afectar el cerebro de la persona que se expone a ella, transformándola en alguien dependiente de verla, algo así como el alcohólico depende del alcohol,
quien se expone al porno, terminará dependiente del mismo, porque el porno tiene la capacidad de hacernos sentir placer físico, hacernos olvidar momentáneamente los problemas y hacernos salir de la realidad de nuestro entorno que no nos agrada… o sea, si una persona (en especial un joven)
está viendo pornografía, ES PORQUE HAY ALGO EN SU ENTORNO QUE LE PROVOCA DOLOR, y busca medicar ese dolor con lo que tiene más cercano a la mano, que es un aparato electrónico por medio del cual buscar su medicina (la pornografía). Aquí está el primer error, muchos padres, le han regalado aparatos electrónicos a sus hijos sin saber que les están regalando un arma semiautomática lista para disparar.

Yo personalmente he visto cómo algunos padres, para evitar que sus hijos les colmen la paciencia, les prestan su celular para que se vayan a jugar un juego y los dejen tranquilos. ¡Error garrafal! Segundo error: Pensar que si mi hijo(a) ve porno, él entonces tiene un problema… ¡NO! Buscar
ayuda para tu hijo, pensando que tu hijo es la única persona que tiene un problema, es un craso error. Si tu hijo(a) está viendo pornografía, es porque, casi de forma segura y sin temor a equivocarme, está lidiando con un dolor en su corazón que él o ella no sabe cómo tratar, y en el
99.9% de los casos, cuando alguno de esos jóvenes decide buscar ayuda, y comenzamos a tratar con ellos, terminamos dándonos cuenta que el dolor que ellos están intentando medicar con porno, es dolor producido por heridas provocadas por los padres… Buena ocasión para quitarle la lupa a
tu hijo(a) adicto(a), y ponerla sobre ti.

Tercer error: Mandarle personas a tu hijo(a) para que le “ayuden”. ¡Mega error! La manera más rápida de hacer que tu hijo(a) se endurezca, es sintiendo que Mamá y Papá, están mandando a gente extraña para que “me ayuden”. Esta es la más gigantesca invasión al territorio personal de
tu hijo(a). Si tus hijos no se abren contigo (siendo tú la persona en quien ellos deberían confiar más), ¿qué te hace pensar que ellos se abrirán con un Juan de los palotes?

Cuarto error: Imponerle mil castigos para suprimir su comportamiento, ¡Uff, fatal! Eso más bien aumenta la rebeldía en tus hijos(as). Recuerda bien que eres padre(madre), no policía. Si tu hijo(a) está adicto, lo que necesita es más bien un amigo amoroso, una extensión del amor del Padre, una
persona que sepa descender al pozo, y le ayude a salir, no un policía, juez, fiscal, jurado y verdugo.

Quinto error: Pensar que, porque somos cristianos y mis hijos crecen en la iglesia, eso debería mantenerles a salvo. ¡No, no, no, negativo! De hecho, la mayoría de los jóvenes criados en un ambiente cristiano tienen más riesgo de desarrollar estas adicciones porque los padres cristianos gustan de meter a sus hijos en una burbuja, en vez de, más bien, prepararlos para vivir en este mundo caminando con Dios.

“A ver, pues, entonces, ¿qué hago?”, te preguntarás tú, aquí te enlistamos lo que te sugerimos hacer, para ayudarles:

1) Busca ayuda para ti primero, si algo anda mal con tus hijos es porque posiblemente algo anda mal contigo.

2) Intima con tus hijos, si quieres que tus hijos se abran contigo, primero tienes que abrirte tú, que tus hijos conozcan los temores, alegrías y miedos que sus padres tienen, para que ellos se sientan tranquilos de hablar de los suyos propios.

3) Busca  ayuda externa. Este problema no se resuelve por sí mismo ni solo. Dios ha puesto en su Cuerpo a personas a las cuales pedir ayuda.

4) Confía en Dios, tráele y entrega de corazón esta situación.

Ya Papito sabía el problema que estaba ocurriendo en casa desde antes que te enteraras, así que, busca

su ayuda y su dirección. No te olvides, que en Jesús, se puede ser XXXLIBRE.

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