Era un colega y buen amigo. No compartíamos fuera de las reuniones necesarias, pero cuando coincidíamos disfrutábamos de buena camaradería.

Mirando de afuera hacia adentro, su vida parecía perfecta. Tenía dos hijos, un matrimonio que parecía estar bien establecido y una buena carrera. Yo no tenía idea de lo que pasaba tras bastidores.

Él y su esposa tenían problemas serios por presiones financieras. Una vez mientras cenábamos, él hizo unos breves comentarios sobre sentirse deprimido y las dificultades que estaba enfrentando.  Como yo en el pasado luché con pensamientos suicidas, debí haber reconocido las señales. Aunque me pasó por la mente, no pude creer que era el tipo de hombre que acabaría con su vida.

Me sentí bien devastado cuando recibí la llamada unas semanas después para decirme que se había ahorcado en el baño. Los gritos de su esposa por el teléfono nunca los olvidaré así como el sentimiento de culpa por no ser proactivo. Algunas veces es muy difícil ver cuán oscuro es el túnel por el que muchas personas están tratando de pasar.

Lamentablemente la situación que acabo de describir no es algo fuera de lo normal. Hay multitudes como mi amigo, que están silenciosamente sofocándose en una burbuja de reproches, culpa y depresión y no saben cómo escapar. El pasado, imposible de entender, es difícil de afrontar y el futuro se ve como nada más que una cámara de tortura inescapable y sin esperanza. 

Quizás me duele porque estuve en la misma situación cuando tenía 21 años; fue un momento en el cual mi mayor preocupación no era morir, sino vivir. Fue una temporada dolorosa en la que me parecía más irrazonable existir que ponerme una bala en la cabeza.

Gracias a Dios que tenía otros planes para mi vida. Cuando mi compañero de cuarto estaba supuesto a estar trabajando de repente entró a la casa, ahí se aguaron mis planes y comencé una travesía que eventualmente me llevó a la esperanza a través de una genuina y personal relación con Cristo.

Hay muchos otros que necesitan esta misma esperanza que yo encontré. El suicidio es una epidemia que afecta jóvenes, adultos, ricos, pobres, cristianos y no cristianos. Nadie es inmune.

Desgraciadamente, el suicidio es muy malentendido por pastores, educadores, trabajadores escolares, familiares y amigos, las mismas personas que podrían ofrecer esperanza. Es importante estar al tanto de los mitos que rodean al suicidio para que la iglesia pueda proveer la verdad y la ayuda que muchos de los que sufren necesitan:

Mito #1: Se debe evitar hablar de suicidio porque coloca la idea en la mente de la persona.

Verdad: Saber que otros luchan  con asuntos similares y escuchar sus escapes ayuda a las personas a salir adelante. Es bien reconfortante saber que hay otros que entienden y están superando sentimientos similares.

Mito #2: Las personas que hablan de suicidio no lo cometen.

Verdad: Muchos de los que cometen suicidio ya lo han intentado o han mostrado tendencias en maneras como cortándose o haciendo comentarios. Los estudios han demostrado que aquellos que hablan de suicidio son más propensos a actuar sobre lo que han dicho. 

Mito #3: La mayoría de los suicidios suceden sin ningún indicativo.

Verdad: La mayoría de las veces los problemas se han expresado previamente en palabras, acciones o actitudes. En muchas ocasiones primero ha habido señales de aviso, aunque en ocasiones son difíciles de detectar.

Mito #4: Los suicidios solo ocurren en ciertos grupos como los adolescentes o personas mayores con enfermedades terminales.

Verdad: Nadie es inmune al suicidio y ocurre en todos los grupos demográficos.

Mito #5: Las personas que han intentando suicidarse y han superado esos pensamientos de violencia contra sí mismos, son menos propensos a intentarlo de nuevo.

Verdad: Para muchos este ha sido el segundo o tercer intento. El hecho que una persona haya superado los pensamientos suicidas no garantiza que no vaya a enfrentar sentimientos similares en el futuro.

Finalmente, todos necesitamos ser compasivos y estar en alerta. Mantener una línea de comunicación abierta, interacción deliberada que incluya escuchar, estar accesible y simpatizar, son necesidades prevalentes. Recurrir a consejeros profesionales, la rehabilitación o hasta medicamento recetado no debe evitarse.

La plena sanidad viene del gran Médico. La dedicación a la oración y demostrar amor por Cristo trae resultados sobrenaturales y sanidad espiritual.

Escrito por Jay Lowder

BIO:

Traducido de MinistryTodaymag.com.

Jay Lowder es un evangelista y el fundador de Jay Lowder Harvest Ministries en Wichita Falls, Texas

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