Por Clarita Cadena – @ClaritaCadena

Mi hijo Jerónimo nació y yo me concentré tanto en él, el cansancio era de otro nivel, las largas horas de juego, y sobre todo el aprender a ser madre era intenso. Muchas cosas no las sabía y  ser madre realmente ha sido siempre un proceso de aprendizaje extremo y eso de “haz lo que tu corazón te dice” en realidad he sabido cómo funciona.

Eran tantas las cosas que tenía en la cabeza por el nuevo integrante de la familia, que me olvidé por completo del número “1” de la casa; mi esposo.

Yo estaba tan concentrada en que a Jero no le faltara nada, que estuviera bien, y aparte yo también estaba con un proceso totalmente extraño en mi cuerpo, en mi mente, en todo. Todo lo estaba disfrutando, y mi esposo igual, hasta que un día llegamos a una conversación interesante; lo bueno de charlar entre esposos es que siempre se llega a un excelente acuerdo.

Me dijo: “Amor, que bueno es todo lo que haces por Jero, pero me siento algo desplazado”. ¡Wow¡, esto me puso en shock. Y es que claro, la verdad, me estaba enfocando en ser madre pero no me percaté que tenía que seguir siendo esposa; ustedes me entienden, ¿no?

Es importante que TODO lo hagamos como para Dios, y organizarnos de tal manera que TODO esto lo podamos hacer sin dejar a un lado cualquiera de los demás; y mucho menos el esposo, el número “1”.

Hoy puedo decirles, que le pedí perdón a mi número “1”  y me esforcé más para tener un balance entre mi esposo y mi hijo. Son amores tan diferentes, tan importantes y que ambos me necesitan al 100%.

Nunca olviden que antes que el “2” está el “1” y debemos siempre tener una balanza en casa, imagínense como me toca a mí distribuirme en 2 hombres, sin contar lo demás que hago fuera del hogar. ¡Si se puede!

Así que tengo Dos conclusiones:

  • Primero fue el “1” que el “2”. Debemos amar siempre y darles nuestro 100% tanto al esposo como al hijo o a los hijos. Sólo Dios nos puede ayudar a que esto sea una realidad. Menos mal en una conversación con mi esposo esto no se extendió a más días.
  • Antes de ser esposas y mamás, somos mujeres. Valoremos ese privilegio.

¡Todo se puede hacer en esta vida siempre y cuando nos organicemos!

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